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La descarga sin cargos: Estudiantes buscan alternativas gratuitas para libros en la red

 

Por Miguel Orta
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Para Valeria Reyes, cada centavo ahorrado cuenta. La estudiante de primer año en la Universidad de Texas en El Paso paga aproximadamente 3,600 dólares de colegiatura semestralmente de su propio bolsillo y le resulta difícil además pagar por libros de texto.

Estudiantes en situaciónes similares han recurrido a la descarga libre a través de la red como una alternativa para ahorrar algo de dinero. “Es muy difícil pagar tu propia educación, tengo que mantener tres trabajos para seguir estudiando en UTEP”, dice Valeria. “No justifico el no pagarle su merecido salario a los autores de estas películas, canciones y libros, pero resulta muy complicado pagar hasta 600 dólares en libros además del costo del semestre”.

Según un sondeo realizado en el campus por Minero Magazine en el edificio Union y la biblioteca, 67.3 por ciento de los alumnos usuarios regulares de Internet en UTEP admiten descargar archivos ilegalmente con frecuencia y el 55.2 por ciento han descargado o tenido acceso a algún libro de texto del Internet sin pagar por la licencia.

La compañía Attributor, dedicada a la protección de los derechos de autor de los escritores, estima una pérdida de 2.8 billones de dólares anualmente a causa de las descargas ilegales a través de sitios p2p (peer-to-peer) como Rapidshare.

UTEP prohíbe el uso de material descargado ilegalmente a través del artículo 1.3.9.3 del manual de procedimientos y operaciones, el cual dice, “La copia no autorizada de programas y/ó datos, es la copia de programas de computadora o datos sin el consentimiento efectivo del dueño del programa o dato. El uso no autorizado del programa o dato de otra persona es considerado plagio”.  El castigo por plagio puede variar desde poner al estudiante involucrado en probatoria académica, hasta su expulsión.

A pesar de eso, los estudiantes siguen descargando archivos ilegalmente del Internet por varias razones, desde la posibilidad de probar un producto antes de comprarlo, hasta la disponibilidad de material que legalmente no se puede comprar en ningún otro sitio. Pero en su mayoría, los estudiantes descargan por razones económicas. Varios estudiantes se niegan a pagar por un producto que solo utilizarán una vez o productos que de no ser accesibles gratuitamente no consumirían.

“Viendo el alza del precio total de la educación superior, junto con las dificultades económicas (del país), los estudiantes se encuentran en búsqueda de oportunidades para reducir gastos y mantenerse dentro de su reducido presupuesto”, dice Fernando Padula, gerente de la librería de UTEP.  “Cerca del 11 por ciento de los estudiantes universitarios no compran todo su material requerido por su costo”.

Un estudiante de geología, quien prefiere ocultar su identidad para evitar problemas con la universidad, paga cerca de 2,200 dólares por cada semestre que estudia en UTEP. Además de colegiatura, tiene que pagar por transporte, materiales escolares y libros de texto, que dice implican un gasto de alrededor de 350 dólares adicionales por semestre.

Afectado por la situación económica y la falta de trabajo en el país, el estudiante busca todas las alternativas para ahorrar algo de dinero. “Yo descargo mis libros gratis del Internet porque es más fácil accesarlos desde mi computadora y puedo hacer notas sobre ellos sin destruir el material. No todos mis libros de texto se pueden comprar en formato digital, descargarlos gratis es más fácil y barato que comprar las copias físicas”.

El alto costo de los libros de texto en la librería del campus ha empujado a varios estudiantes a conseguirlos por otros medios, ya sea la compra de libros usados o a descargarlos a través de BitTorrent o Scribd.

Padula reconoce que si bien los precios de los libros son altos, se han buscado alternativas para facilitar el acceso a los estudiantes.

“Los precios iniciales de los publicistas se fijan por un acuerdo entre la escuela y el operador de la librería (Follet Higher Education Group)”, dice Padula. “Follet busca que los estudiantes ahorren ofreciéndoles opciones, como lo son la renta, compra digital o selección de libros usados dentro de la tienda o en línea a través de efollet.com”.

Padula agrega que comprar un libro usado en librería genera un descuento de 25 por ciento al precio original, mientras que rentarlo a través de Rent-a-text, en promedio, descuenta 50 por ciento o más en comparación al precio de un libro de texto nuevo. La venta digital a través de CafeScribe genera un descuento de 40 a 60 por ciento del precio original de venta, según declaraciones de la librería.

Algunos consideran que descargar “piratería” es una falta de respeto a los autores del producto, quienes se esmeran para crearlo y mantenerlo e incluso guardan cariño a su obra. Tal es el caso de Valeria Contreras, dibujante y escritora paseña, autora de las historietas didácticas “Jaime’s Jungle” y “Play Shop”.

“Le dedique demasiado tiempo a hacer estas historietas. Tengo que pensar en los personajes, la historia, cómo pueden y cómo deben interactuar los personajes, en qué manera y cómo afectara esto la trama”, dice Contreras. “Después de emplear horas pensando y planeando, comienzo a dibujar, seguido por la remarcación en tinta, el escaneo y el color. Es bastante trabajo, requiere mucho amor y dedicación…como para simplemente ser copiado… los autores pierden ganancias por culpa de la piratería, es una falta de respeto a su trabajo”.

Existen diversos autores y estudiantes que se muestran a favor de la legalización de la descarga libre o, al menos, en contra de su penalización. De acuerdo a las mismas encuestas realizadas en el campus entre estudiantes, en su mayoría usuarios cotidianos del Internet, el 67.2 por ciento de los estudiantes creen que la descarga libre no es sinónimo de robo y debería ser permitida. “El Internet se puede ver como una biblioteca mundial de información”, dice el estudiante de geología. “Descargar archivos protegidos es lo mismo que tomarle fotocopias a un libro de una biblioteca”.

A pesar de estar en contra de la piratería, Contreras siente empatía por quienes no tienen dinero para comprar un libro. “Preferiría dar presentaciones o incluso regalar libros y mercancía a quien honestamente no pueda comprarla antes de que ‘pirateen’ mi trabajo”, dice Contreras.Watch movie online The Transporter Refueled (2015)

El estudiante de geología dice apreciar el trabajo de los autores y procurar comprar el material original cuando un producto lo convence, sin embargo, muchas veces su situación económica no lo permite. “Descargarlo es la diferencia entre tenerlo o no tenerlo, a veces es la única opción”.

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