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De Chihuahuense a Paseño

Por Juan Salomón

Nunca en la vida me imaginé que estaría estudiando en UTEP. Esta universidad ni siquiera aparecía en mi lista de opción porque para mi era casi imposible verme como un Minero. Mi hermana, Marisa, es un año mayor que yo y ella entró a UTEP en el 2008. Me impresionó que eligiera esta universidad porque toda la vida pensé que ella y yo nos quedaríamos en Chihuahua y estudiaríamos en el TEC de Monterrey, que está localizado también en la Ciudad de Chihuahua. Claro que soñaba estudiar en los Estados Unidos, pero siempre estaban presente los conflictos de dejar mi casa, mi familia, la sociedad en la cual me crie y mis amigos.

De acuerdo con el Centro de Evaluación, Investigación y Planeación de UTEP (CIERP)  alrededor de 1,801 mexicanos vienen anualmente a El Paso para estudiar en UTEP y nunca creí que yo sería parte de ese número. Recuerdo que la idea de hacerlo surgió de uno de los miles de viajes que hacíamos con frecuencia a El Paso para ir de compras. Mi padre y mi hermana platicaron y finalmente decidieron que UTEP era la opción correcta para ella. Un año después, me tocó a mí elegir a que Universidad quería asistir. En verdad, no tenía ni la menor idea de que quería hacer con mi vida después de graduarme. Yo siempre he visto a mi padre como un hombre de honor y orgullo y sentía que tenía la obligación de empezar a estudiar desde que salí de la preparatoria y entonces decidí entrar a UTEP porque  quería salirme de Chihuahua y enfrentar la realidad. Pero sin duda sabía que sería difícil el cambio lingüístico, académico y social que tendría mi vida.

Asistí al Instituto La Salle de Chihuahua toda mi secundaria y mi preparatoria. En cada salón de la preparatoria, había un mínimo 46 estudiantes y todos éramos muy unidos. En mi último semestre de preparatoria empecé a preocuparme por mi futuro y sabía exactamente a que me estaba metiendo cuando decidí decirles a mis padres que yo también quería inscribirme en UTEP. Ellos  me apoyaron y para mediados del 2009 ya estaba dentro de la universidad.

Toda mi infancia y mi adolescencia vi televisión en inglés con subtítulos en inglés, lo que  quiere decir que no sólo escuchaba el idioma, sino también leía como se escribía. Así que me sentía muy confiado en el manejo del idioma y pensé que estaba listo para conquistar la ciudad de El Paso, pero como muchas veces sucede, no fue así. Cuando llegue a El Paso, entendía perfectamente a los profesores, pero simplemente el inglés no es mi lengua nativa y no la capto totalmente. Una vez estaba en clase de astronomía y uno de mis compañeros me empezó a sacar plática en inglés, desafortunadamente hablaba muy rápido. Cuando mi compañero acabo de hablar le tuve que decir “Can you repeat that last thing you said? because I did not quite catch that”. Claro que estaba mintiendo, no entendí nada de lo que me dijo, solo que no me quería ver como una persona que no supiera inglés. Poco después me acostumbré y en unos meses podía hablar en inglés sin esfuerzo, pero aún así batalle también cuando las personas hablaban pocho, esa mezcla de inglés y español tan particular en la frontera. Entender esa combinación de idiomas fue otro reto importante que tuve que conquistar.

Cuando asistía a la preparatoria, mi horario era de 7:30 a.m. a 2:25 de la tarde. De verdad no sé cómo pude haber sobrevivido por tanto tiempo con ese horario. Desde que entre a UTEP mis horarios han sido una fascinación para mí, porque nunca pensé que tendría horarios tan cómodos. Recuerdo muy bien los primeros días aquí en la universidad, cuando estaba atemorizado y todo me resultaba extraño. Mis compañeros de clase eran como robots inmóviles, pues lo único que hacíamos era sentarnos, prestar atención al profesor e irnos a nuestra siguiente clase. En mi primer semestre conversé muy poco con mis compañeros de clase. Estaba acostumbrado a entrar a un salón y escuchar gritos o que al segundo que entrara me arrojaran una bola de papel, pero aquí ni un pelo me tocaban. Poco después comprendí que este lugar es obviamente para estudiar y aprender, no para socializar con cualquiera que se te tope encima.

Al momento de registrar mis clases pensé: ¿Sólo cinco clases? ¿Tan pocas? En mis tiempos de preparatoria llevaba entre 11 y 13 materias por semestre, así que la carga académica no fue un problema para mi pues me acostumbre de inmediato a sus técnicas de enseñanza y métodos de evaluación. Otras cosas simples como imprimir documentos en la biblioteca fueron difíciles al principio. Una vez tuve que pararme al lado de una impresora fingiendo que enviaba mensajes  de texto por mi celular cuando en realidad estaba mirando como se hacía para insertar tu número 800 en la maldita mini maquina y cómo se seleccionaba un documento para después imprimirlo.  Sentía que era el único idiota que no sabía cómo imprimir en las computadoras localizadas en la biblioteca. Ya cuando pase a mi segundo año de universidad, una amiga me pidió que la acompañara a imprimir unos documentos a la biblioteca y me insistió en que yo lo hiciera por ella.  Mientras estaba imprimiendo, me di cuenta que ella estaba detrás de mi apuntando en una hoja de papel los pasos para imprimir. Creía que era la única persona en todo UTEP que no sabía cómo imprimir en las computadoras localizadas en la biblioteca, pero gracias a mi amiga me di cuenta que no era así.

Llegar a tu apartamento, que la comida no esté lista y que la tengas que hacer tú, no es nada agradable. Llegar y ver que tu ropa sucia sigue sucia es horrible. Saber que no verás a tus padres por un buen tiempo puede ser triste. Dieciocho años viví con mis papás y ellos hacían todo, mientras yo me dedicaba solo a estudiar. Ahora, más que nunca, aprecio todo el trabajo que hacían por mí para que yo pudiera salir adelante con mis sueños.

La sociedad a la cual estaba acostumbrado es totalmente diferente a la sociedad de la cual soy parte ahora. Prefiero esta sociedad porque me siento más libre y con más poder de ser quien soy y de poder crecer y transformarme personalmente. En Chihuahua tienes que tener un estatus social alto y si no lo tienes, no eres nadie. Aquí en El Paso, no importa de dónde vengas, quienes son tus amigos, cuánto dinero tienes, de qué familia vienes, cuantas conexiones tengas, la gente te seguirá hablando porque quieren ser amigos de la persona que acaban de conocer, no por otros aspectos.

Cuando llegue a El Paso veía todo de una manera muy diferente, creía que nunca me iba a adaptar a esta cultura única que distingue a El Paso. Ahora, veo muy lejos el momento de mi primer día de clases en el cual estaba en la confusión total, poco a poco he crecido como persona y fácilmente me he adaptado a este maravilloso mundo. Mi manera de pensar, de ver las cosas, de hablar, de hacer amigos, de estudiar, de imaginar y de muchas cosas más ya no es la misma que hace un año. Honestamente, UTEP fue la opción correcta para mí y ahora veo El Paso como una ciudad en la cual puedo crear mi futuro.

// IN BRIEF

Juan Salomon never pictured himself as a college student in the United States. But when it was the time to choose school, he followed the footsteps of his older sister, Marisa, who attended UTEP a year prior. Juan originates from Chihuahua, Mexico and is one of approximately 1,801 Mexican nationals that annually enroll at UTEP, according to the Center for Institutional Evaluation, Research and Planning (CIERP).

Juan had to adapt to a new culture that he thought he was prepared for. His English proficiency, which he thought was very good, was immediately challenged when he did not fully understand what his peers were saying. He vividly remembers his first days on campus and how everything seemed so robotic because students would sit down, pay attention to the lecture and run to the next class.  He was used to entering a loud room with paper balls flying. It was a different atmosphere and it took some time for him to adapt. Not only did he have to cope with a cultural change, Juan lived on his own. He described himself heading back to his apartment and not having anything ready for dinner and nothing clean to wear next day.

This dramatic change allowed him to develop a greater appreciation for his parents and himself. He does not regret his decision of coming to UTEP because he has learned so many life lessons and now he sees El Paso as a city where he can build his future.